Una de las características básicas del trabajo administrativo es la supuesta objetividad de sus ritmos laborales; algo que de entrada se aleja o se opone a las posiciones flexibles y subjetivas que suelen definir la práctica artística. Una objetividad monótona, repleta de actos repetitivos, seriados, anodinos y de escasa relevancia que, pese a su escaso o nulo poder de atracción, sustentan en su totalidad la eficacia y efectividad del trabajo. Por lo estricto y funcional de su naturaleza, “el trabajo de oficina” no permite fisuras o irregularidades en sus procesos, puesto que todo se rige según unos mecanismos inalterables y consensuados de los que el trabajador/a, para el buen éxito de su labor, no puede ni debe salirse. Dicho de otro modo, cualquier acto creativo, definidor de una autoría individualizada, de un tiempo de dedicación no-productivo e instigador de otras intenciones más allá de las pautadas por contrato, no tienen cabida en la cotidianidad de la oficina.

La rigidez de las estructuras laborales en el ámbito de la empresa supone el principal motor de actuación del trabajo en arte de Ignacio Uriarte (1972, Krefeld, Alemania). Un artista que, después de formarse y trabajar directamente en dichos contextos, decidió abandonarlos oficialmente con la intención de parasitarlos y reinventarlos desde el ámbito del arte. Por este motivo, toda su trayectoria artística gira en torno al imaginario procesual y formal de la oficina como espacio psicológico de producción; un interés que le lleva, no sólo a utilizar los instrumentos básicos de la oficina (lápices, bolígrafos, folios, cuadernos, clips, hojas de cálculo, agendas, recursos informáticos, etc…) sino también a incorporar la mecanización y repetición de sus ritmos y dinámicas diarias (actos mínimos y sencillos de baja espectacularidad que construyen las rutinas cotidianas del tiempo laboral).

Trabajos en serie reúne algunas de las propuestas actuales de Ignacio Uriarte. Una colección de cinco obras – dos videos, dos instalaciones de dibujos monocromos y una proyección final – que articulan una auténtica declaración de intenciones de su manera de entender el trabajo (subjetivo) en arte desde el filtro del trabajo (objetivo) de la oficina, y viceversa. De este modo, el recorrido por la exposición incorpora como hilo discursivo tres conceptos clave independientes y complementarios a la vez: la noción de tiempo, la idea de rutina y por último, un elemento más oscuro y  temido desde el mundo laboral, el fallo.

El horario laboral es uno de los elementos determinantes del trabajo en una empresa. Un tiempo de dedicación pautado y fijo en el que el trabajador/a cumple con sus obligaciones hasta que llega la hora de la pausa o de finalización de la jornada. Si trasladamos la noción de horario y temporalidad al trabajo en arte, vemos que los límites de tiempo de dedicación se difuminan y fragmentan incapaces de fijarse a horarios convencionales. Vorwärts ruckwärts, video en el que Uriarte combina en bucle los términos en alemán de “hacia delante” y “hacia atrás” en un proceso infinito de avanzar y retroceder sin llegar a un fin determinado, y Accumulative clock, otro video  realizado a base de dibujos de secuencias numéricas como si de un cronómetro primitivo se tratase, suponen dos aproximaciones distintas al transcurso del tiempo laboral. En el primer caso, el tiempo se expande hasta el infinito sin llegar a nada – metáfora visual de cualquier trabajo mecánico y carente de creatividad – y en el segundo, el tiempo se acumula obsesivamente bajo el único objetivo de tomar conciencia de ello.

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La repetición y la rutina asumida es otra de las constantes del trabajo de oficina. Un ritmo diario absolutamente controlado y monótono que, si todo va según lo establecido, no admite imprevistos ni grandes expectativas. Es decir, no permite el acceso a nada que salga de lo predeterminado. Una monotonía que Uriarte estira y explora a base de monocromos realizados a partir de diferentes técnicas. From 6h to 8b, serie de 15 dibujos ordenados a partir de la gama de grises y la dureza de mina de los lápices con los que son realizados, y  4 x 4 labyrinths, una suerte de laberintos surgidos de la labor mecánica de rellenar el espacio de una hoja Excel, usan voluntariamente la monotonía – una de un modo manual y artesanal, otra a partir de recursos informáticos – a la búsqueda de nuevas soluciones compositivas capaces de ofrecer experiencias singulares dentro de lo cotidiano. Sin perder en ningún momento la objetividad y frialdad del trabajo mecánico (algo que formalmente remite claramente al minimalismo y al arte conceptual), las dos piezas incluyen la subjetividad del artista a partir de cuestionar la practicidad y funcionalidad de tal dedicación e inversión de tiempo.

Finalmente, la muestra cierra con 80 borrones, serie de diapositivas realizadas a partir de una lente macro con la que el artista muestra, de manera espectacular, el gesto mínimo de una mancha de tinta azul. Un guiño directo a la pintura de raíz expresionista que, tomando como punto de partida el borrón – algo connotado en el contexto laboral como error, fallo o corrección (es decir, como algo mal resuelto) – introduce en su obra el elemento de lo irregular y lo inesperado, incorporando así una lectura humanizada, imaginaria e irónica al excesivo rigor que define el mundo laboral que Ignacio Uriarte utiliza como leitmotiv de todo su trabajo.

En definitiva, podemos decir que Trabajos en serie supone un compendio de los intereses artísticos de Ignacio Uriarte en la actualidad: desvelar los gestos artísticos y poéticos que existen (o pueden existir) en las rutinas diarias de nuestra vida laboral. Para ello, su posición en arte se erige desde una fidelidad obsesiva a los ritmos mecánicos y repetitivos del “trabajo de oficina” con el objetivo de desvirtuarlos desde dentro. Y, ya sea desde el dibujo, el video o la instalación, ahí es donde reside la potencialidad de su obra.

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