Nada es nuevo ni nada se inventa en esta situación;
sencillamente todo se intensifica una y otra vez.
Manel Clot

Me encuentro ante el museo de frases de Manel Clot, y su expectativa de lectura difiere de la habitual ante un ensayo sobre arte. Cientos de frases sueltas – a veces una sola palabra, a veces una oración completa, a veces en mi idioma, a veces no – sin ningún orden aparente más allá de la sensibilidad de su recolector. Una suerte de bricolage emocional, discursivo, un pensamiento salvaje[1], un relato sin narrativa, sin pautas de lectura. Como guía, simplemente el alfabeto.

El museo de frases no es un texto. Más bien es un álbum, un registro en proceso que brinda a su propietario – que no autor – una dinámica intelectual y vital. Tras años acumulando, recopilando y personalizando frases, citas e ideas ajenas, en 2003 Manel Clot tomó conciencia del archivo que este gesto sencillo e íntimo había generado con el paso del tiempo: un “museo de frases” atemporal, desjerarquizado e inagotable donde, de forma caótica y expansiva, se halla gran parte de sus intereses emocionales y vivenciales relacionados con el arte contemporáneo. Una forma de pensar y sentir la práctica artística estrechamente vinculada a una forma de pensar y sentir la realidad.

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Mientras inicio su lectura, especulo sobre cual sería el mejor modo de aproximarme a sus contenidos. No el más beneficioso desde un punto de vista objetivo, sino el más satisfactorio para mi como lector. Leo parte de las frases que conforman el primer capítulo (la A). Lo leo con atención, intentando descifrar el referente, intentado acceder al conocimiento tangible que puede brindarme el listado. Y así descubro a Javier Peñafiel (Agencia de intervención en la sentimentalidad), a Maurice Blanchot (Apprends à penser avec douleur), a Pere Gimferrer (Arde el mar), a Tom Spanbauer (A veces el mundo es tan hermoso que duele), o a Antonio Lobo Antunes (A veces ni una melodía siquiera: dos o tres notas solamente). Me siento presionado – condenado incluso – a descifrar e identificar a los autores legítimos de las frases. Y puesto que no puedo acceder, decido leer de otro modo: no por reconocimiento sino por intensificación de sentido[2]. Simplemente decido leer a través de mi capacidad de “sentir” las frases.

La intensificación del sentir me lleva a recuperar un texto de Manel Clot sobre Malas Formas, la retrospectiva que el MACBA dedicó a Txomín Badiola en 2002 (por cierto, Malas Formas también aparece en el museo de frases). Bajo el título de Máquinas de intesificación de sentido (ficciones escénicas contemporáneas, o la “interlingua” era esto), Manel Clot analiza la obra del artista vasco a partir de tres premisas. Por un lado, “la cartografía rizomática y babélica de un efecto que podríamos denominar interlingua”; así nos sitúa ante la hipertextualidad y transversalidad de las múltiples narrativas que definen la obra de Badiola. A continuación, “el posible cuestionamiento de la figura del autor “ y – prosigue – “de todas esas labores, atribuciones, límites y autoridades tradicionalmente asociadas al concepto de autoría”. Por último, Clot ubica su trabajo en “una irrenunciable interzonalidad operativa”: la conexión, confluencia y afectación mutua entre elementos y dispositivos diversos en las instalaciones de Txomín Badiola. Dos años antes, Manel Clot había presentado en Barcelona inter/zona, una exposición colectiva en la que participaron varios de los artistas de réserVoir. Me fijo en las variaciones y apuntes sobre la interzonalidad que aparecen en el museo de frases: inter/zona com a sospita; inter/zona com a suposición; inter/zona com a teorema; interzonalitat, transdisciplinarietat, tematitzacions transversals; interpone; intra/zona.

Reviso otro texto de Manel Clot. Schaflende: la palabra no dicha (el hombre de los lobos), un ensayo dedicado a la obra de Jordi Colomer y publicado en Acción Paralela en 1996. Clot incide en la capacidad narrativa y la condición textual del trabajo de Colomer, y nos lo presenta como el artista que “(…) nos ha enseñado cómo descifrar paulatinamente el sueño persistente del hombre de los lobos[3], cómo incorporar a la producción artística todo aquello de lo que uno mismo se nutre como sujeto y como individuo, y como ente histórico cada día, cómo establecer las pautas del relato y de una cierta teoría del drama moderno (…)”. Y Clot continua: “Innumerables son los relatos del mundo[4], efectivamente, y a todos ellos sin apenas excepción recurre el artista para construir uno más, innombrable, desacomplejado, que actúa como mecanismo de reflejo hacia el propio espectador. ¿Qué otra cosa, si no, podría hallar éste en el trabajo de Colomer, más que a sí mismo, una y otra vez, perpetuamente mutante, continuamente cambiante?: es, sin duda, y una vez más, el placer del texto.”

Ambos textos, leídos ahora – entre quince y veinte años después – obviamente siguen hablando de Badiola y Colomer, pero el hecho de comprenderlos desde réserVoir incorpora cierto enfoque fundacional sobre la naturaleza de este archivo: su condición interzonal, la puesta en crisis de su autoría, su hipertextualidad y su construcción como relato (relato placentero para el lector). En este sentido, y ante sus dificultades de definición, réserVoir se erige como muchas cosas a la vez: un experimento textual, un posible método de literatura artística, un ejercicio de práctica curatorial, un modo de sentir, y de ser… En definitiva, una metodología de trabajo basada en conexiones afectivas y sistemas de complicidad.

Retomo réserVoir pensando en los artistas que forman parte de la exposición: Luz Broto, Raimond Chaves y Gilda Mantilla, Carles Congost, Joan Morey, Paco y Manolo, Javier Peñafiel, Ester Partegàs y Francesc Ruiz. Pienso en el acto de comisariar como interzona, en el comisario como cómplice, en réserVoir como tesis curatorial. réserVoir como la suma de posibles encuentros entre comisario y artistas. Sé que en esas relaciones existen un sinfín de experiencias profesionales y personales de gran intensidad. Aunque no sea capaz de señalarlo, sentir que todos los artistas de la exposición están presentes en el archivo – no de un modo literal, pero sí simbólica y emocionalmente – me conmueve. Así que vuelvo a leer buscando ahora algunos de esos vínculos. Para ello, me dejo llevar más por la intuición que por el conocimiento.

Así, Aquel a quien los dioses aman, muere en la juventud me remite libremente a Paco y Manolo; Dispersión de la identidad en los fragmentos de una memoria inarticulada a Gilda Mantilla y Raimond Chaves; Extraña manera de estar viva, esta necesidad de traducirse en palabras a Javier Peñafiel; I’ve been a teenager since before you were born a Carles Congost; Por más que te obedezco, no hago lo que deseas me lleva a Joan Morey; Provocar lo inesperado. Esperarlo me traslada a Luz Broto; Cómo encontrar la alegría del repetir a Francesc Ruiz ; y, finalmente, Aplicarme a imágenes insignificantes (no significantes) me traslada al trabajo de Ester Partegàs. Tan siquiera soy capaz de situar todas las fuentes manejadas por Clot en estos ocho ejemplos. Solo sitúo algunas – poemas de Miriam Reyes que no conocía, temas de Pet Shop Boys a los que no había prestado atención, un proverbio de Meandro, un cuento de Antonio Lobo Antunes, un par de aforismos de Robert Bresson… – aunque tampoco es lo más importante.

Como apuntaba anteriormente, Manel Clot comisarió Inter/zona. Arts visuals i creació contemporánea a Barcelona en La Virreina en 2000, una exposición especialmente relevante para la configuración de la escena artística de Barcelona – y por extensión de Catalunya – durante la década de los noventa, mediante la cual Clot ofreció además una revisión crítica del arte contemporáneo desarrollado en la ciudad durante las dos últimas décadas del siglo XX. Una situación contextual donde parecían confluir toda una serie de intereses e hibridaciones que marcaron un momento específico, así como una determinada manera de entender la producción cultural contemporánea. Recupero el catálogo de Inter/zona y, en Tecnologías del presente[5] – el ensayo curatorial de Manel Clot – encuentro una definición precisa de dicho momento. La transcribo entera.

“En una progresiva ampliación de los márgenes operativos – a veces de forma quizá no muy consciente ni deliberada – y en una imparable hibridación e impurificación de los lenguajes y de los medios, inter/zona se muestra ahora como el lugar de tránsito, un lugar donde se encuentran y relacionan diferentes maneras de concebir y formalizar la actividad artística, un lugar que se nos presenta junto a otros sectores culturales y creadores que le resultan cada vez más próximos – las músicas electrónicas, el clubbing, la publicidad, los eslóganes, las corporaciones mediáticas, las revistas de tendencias, la moda, los iconos populares, los video-clips, el grafismo, las subculturas juveniles, la vida íntima, los hackers, la web, la suspensión en el no-espacio, la revelación de la notopía – haciendo de la escena artística más que una simple ubicación, una dedicación, y no ya solo de los sujetos, sino también de los individuos: una corriente de procesos agregados y condicionados, una suma de condiciones procesuales que no harán hablar más de comportamientos que de objetos, más de intenciones proyectuales que de resoluciones definitivas, cuando el tiempo es el presente y el escenario, lo real”

Inter/zona supuso la apertura del radio de acción de las artes visuales hacia otros ámbitos paralelos como la música, la arquitectura, la moda o el diseño. Una expansión conceptual y formal del hecho artístico que contó con artistas como Oscar Abril Ascaso, Juan Pablo Ballester, Neus Buira, Nuria Canal, Raimond Chaves, Carles Congost, Ricardo Echevarría, Innothna, Gustavo Marrone, Connie Mendoza, Metàpolis, Julia Montilla, Joan Morey, Ester Partegàs, Javier Peñafiel, Marco Roso y Daniel Steegmann. También supuso la colaboración con otros críticos y comisarios, como Frederic Montornés, Luis Francisco Pérez o Glòria Picazo. Visto ahora en perspectiva, inter/zona marcó un cambio de actitud en arte. Un cambio de actitud motivado básicamente por un compromiso compartido y por una fuerte apuesta generacional. Una generación de artistas que situaban su práctica dentro de ese lugar de tránsito y encuentro multidisciplinar, donde la exposición al uso había dejado de ser el único dispositivo de comunicación posible, para transformar el hecho artístico en un acontecimiento mucho más flexible y grupal. Cinco de los artistas de réserVoir – concretamente Carles Congost, Raimond Chaves, Joan Morey, Ester Partegàs y Javier Peñafiel – estuvieron en inter/zona. Francesc Ruiz y Paco y Manolo no estuvieron, aunque formarían parte de la misma generación. Luz Broto – artista de una generación más joven que el resto – tampoco estuvo. No obstante, su obra encaja perfectamente dentro de las mismas premisas conceptuales, procesuales e “interzonales”.

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réserVoir muestra trabajos recientes, nuevas producciones y una gran cantidad de material de archivo perteneciente a artistas que, acompañados en diferentes momentos por Clot, han protagonizado y ensayado una posible definición del contexto artístico en Barcelona; artistas que significan y representan una determinada manera de hacer en arte. Una manera de hacer emocionalmente indisociable de la figura de Manel Clot. Y es que cada artista de la exposición tiene un vínculo muy intenso y especial con él. Algunos porque trabajaron junto a él al inicio de sus carreras – por ejemplo Carles Congost, Ester Partegàs o Javier Peñafiel, que hicieron sus primeras exposiciones individuales en La Capella entre 1995 y 1996; o Joan Morey, que trabajó con Clot en varias exposiciones anteriores a inter/zona (como Hipertronix en el EAC de Castelló en 1999). Otros se encontraron con Manel Clot en inter/zona, y siguieron colaborando a posteriori, como Raimond Chaves, que visitó por primera vez Perú junto a Manel Clot en 2001 (un viaje que marcó su posterior decisión de quedarse a vivir en Lima). Otros porque siempre se mantuvieron afines, como en el caso de Francesc Ruiz o Paco y Manolo. Y finalmente, Luz Broto, cuya colaboración con Manel Clot en Sacar una piedra del muro de La Capella – en este caso La Capella de Sant Corneli de Cardedeu, propuesta comisariada por Anna Estany – se extiende en el tiempo hasta su participación en réserVoir.

En lo que ser refiere al formato expositivo, réserVoir ofrece una puesta en escena en la que pasado reciente y presente conviven a través de proyectos definidos por múltiples formatos de presentación y capas de significación. Las nuevas producciones videográficas de Carles Congost (The Artist Behind The Aura [2015], en que explora de modo paródico su condición de artista) y Javier Peñafiel (Auditoría de proximidad [2015], un film animado donde dibujo, texto y voz recuperan algunas preocupaciones comunes entre artista y comisario) dialogan con la reactualización que Joan Morey hace de El Gir / El Giro / The Turn. Guión cerrado para performance colectivo (2014), un proyecto de investigación centrado en el lenguaje y en los ejercicios de traducción derivados del mensaje artístico, o la propuesta de Luz Broto para Right Cube_04. Dar paso a lo desconocido(2011), un gesto performativo en el que la artista provoca la entrada de luz natural en el espacio siempre oscurecido de La Capella. A su vez, y desde el ámbito de la fotografía, Preludio (2014) de Paco y Manolo – serie dedicada a la fugacidad ilusoria de lo vivido – conversa con la oscuridad de las imágenes de bolsas de basura de Ester Partegàs en What You Are, The World Is (2007). Francesc Ruiz presenta una nueva versión de The Yaois (2011), una gran instalación de dibujos e imágenes de representación homoerótica que, como es habitual en el artista, propone una aproximación específica a la noción de identidad sexual. Un ejercicio de reivindicación individual y colectiva que conecta con Un afán incómodo (2011), de Raimond Chaves y Gilda Mantilla, vídeo documental derivado de sus viajes por la selva amazónica en que los artistas exploran el papel de las imágenes dentro de la configuración identitaria de un territorio.

El dispositivo de réserVoir en sala muestra además una segunda piel. Un display de vitrinas en que cada artista recupera proyectos anteriores especialmente definidos por la necesidad de ensayar otros canales de presentación complementarios o alternativos al espacio expositivo: publicaciones, vinilos, flyers y otros sistemas de documentación gráfica.

Para acabar, recupero el subtítulo que Manel Clot utiliza en su texto de presentación: contingencia y emoción. Dos conceptos fundamentales tanto para leer el museo de frases y como para recorrer la exposición. La posibilidad de que algo suceda, la alteración del ánimo a través de cierta conmoción. Descubro entre las frases las referencias a Un soplo en el corazón[6], el único y maravilloso disco de Family. Y vuelvo a leer el museo de frases, pero esta vez sólo fijándome en los versos de sus canciones. Quiero tener algo tuyo por si un día te vas. Rodea la cabeza con tus manos, así quiero quedarme para siempre. Yo seguiré aquí sentado, viviendo del amor de las mujeres. Y entonces a las chicas sonrientes, les estalla el corazón. Tu cara triste, tu amor de plata: podemos volver a empezar.

De nuevo la intensificación de sentido como principal herramienta de lectura. En la cita que antes apuntaba sobre Schaflende: la palabra no dicha (el hombre de los lobos), me veo tentado a sustituir “Jordi Colomer” por “réserVoir”, así que lo hago. “¿Qué otra cosa, si no, podría hallar éste – se refiere al espectador – en réserVoir, más que a sí mismo, una y otra vez, perpetuamente mutante, continuamente cambiante?: es, sin duda, y una vez más, el placer del texto.” Funciona. Quizás, la clave de todo se encuentre en ese “una y otra vez”.

[1] Claude Levi-Strauss. El pensamiento salvaje. Fondo de Cultura Económica. 2003 (1962). réserVoir me recuerda a la noción de pensamiento “primitivo” en Levi-Strauss. Un pensamiento liberado de estructuras preconcebidas y definido por acontecimientos de orden intelectual.

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[2] Manel Clot. Máquinas de intensificación de sentido (ficciones escénicas contemporáneas, o la interlingua era esto). Artículo dedicado a Malas Formas, la retrospectiva de Txomín Badiola en MACBA (2002) y publicado en la revista de crítica on-line Arts.zin dirigida por José Luís Brea.

[3] Manel Clot establece aquí un símil entre “el sueño del hombre de los lobos” (el caso de Sergei Pankejeff estudiado por Freud en Historia de una neurosis infantil (1918) – un hombre atrapado por una imagen onírica recurrente – y la evolución y consolidación de la trayectoria de Jordi Colomer en relación a su textualidad. Revista Acción Paralela #2. Ensayo, teoría y crítica del arte contemporáneo. 1996

[4] Manel Clot abre el ensayo sobre Jordi Colomer con esta cita de Roland Barthes: Innombrables sont les récits du monde. En el texto aparece también una alusión directa a El placer del texto.

[5] AA.VV. Inter/zona. Arts visuals i creació contemporánea a Barcelona. Col·lecció Canvi de Segle. Institut de Cultura de Barcelona. 2000.

[6] Family. Un soplo en el corazón. Elefant Records. 1993

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