La pera Maria Elena es uno de los gags más conocidos y representativos del sentido del humor de Faemino y Cansado. Un ejercicio absurdo de ventriloquía con una pera que canta canciones mientras habla de su pasión por José Luis Perales y su odio a Manzanita. Mientras Cansado dialoga con la fruta, Faemino hace la voz entre bastidores. Una vez acaba el número, Faemino sale a recoger los micros y, mirando hacia el entregado público, asiente: “yo era la pera”. Una confesión innecesaria y ridículamente honesta que supone un giro extra en la concepción absurda que caracteriza el trabajo del dúo cómico y que, a su vez, potencia la complicidad y la empatía con el receptor; ya que éste, pese a conocer de antemano el truco, agradece la inutilidad del gesto.

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Algo parecido a dicho acto de honestidad – al menos en actitud y enfoque – ocurre en el trabajo de Fermín Jiménez Landa (Pamplona, 1979); un artista que, desde el uso de múltiples formatos de presentación (instalación, video, dibujo, fotografía…) incorpora el absurdo como dispositivo de exploración de los entornos cotidianos que nos definen. En este sentido, y pese a tratarse de producciones culturales distintas, Fermín Jiménez Landa comparte con Faemino y Cansado cierto ejercicio de bufonización e insurrección de la realidad a través de lo mínimo, lo insignificante y lo ridículo.

Para ello, el artista desdibuja las dinámicas habituales del trabajo en arte a partir de un juego constante y frenético de ensayo-error; quizás el binomio que mejor ilustra su modus operandi. Un diálogo de contrarios – éxito / fracaso, expectativa / frustración, ilusión / decepción, superación / derrumbamiento… – que se convierte en su principal motor de actuación y sitúa la intensidad de su discurso en las múltiples posibilidades de divagación y corrección que conforman los procesos de producción de una obra. Una estructura que, al margen planteamientos estancos y nucleares, se erige desde la acumulación de unidades descentralizadas, discontinuas y carentes de linealidad.

Pese a la resistencia a categorizaciones que genera su obra, la aproximación pseudo-científica a ciertos aspectos de la realidad y su posterior traslado al ámbito del arte es una de sus principales constantes. Un ejemplo claro lo encontramos en el proyecto sobre los pesos de famosos en objetos no famosos, instalación presentada en Artium (Vitoria) y en la galería Valle Ortí de Valencia en 2006. Una reflexión sobre la fisicidad real de la gente famosa planteada desde objetos banales en contraposición al peso simbólico de la fama. El peso aproximado de Glenn Medeiros en leche desnatadaEl peso aproximado de Lucía Etxebarría en ladrillos o El peso aproximado de Brian de Palma en champú agrega otro argumento imprescindible: el uso honesto de la trampa y la ficción; un recurso inválido en ciencia pero altamente seductor en arte.

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Por otro lado, en la exposición Actos Oficiales (2008) en el Espai Montcada de Caixaforum Barcelona, el artista sigue explorando sus intereses paracientíficos en base a una serie de experimentos absurdos y aparentemente carentes de lógica centrados en el uso atípico de la energía. Cinco propuestas independientes y complementarias entre sí – las instalaciones Leds iluminados en un 7% por la energía cinética de un asador de kebab y Leds iluminados en un 4% de energía por limones,la serie de fotografías Rellenar todos los huecos con nata montada, los dibujos Adelgazamiento por corte y el video Desempatar las dos torres más altas de Barcelona – que suponen un acto de desoficialización del hecho artístico a partir de la incorporación de la anomalía y la subversión eufórica de la funcionalidad habitual de los objetos cotidianos.

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Todo es imposible (2008), auténtica declaración de principios, es un video en el que el artista sigue indagando en la fisicidad y la masa de cosas irrelevantes, sometiéndolas en este caso a las leyes de la gravedad. En él, infinidad de objetos sencillos caen sobre su propio peso, exhibiendo el momento fugaz en el que sillas, escobas, vasos y demás objetos carentes de grandeza se desploman sin más. Un acto simple que sondea la grandilocuencia y la ridiculez de la vida en minúsculas.

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Y así, desde la ingenuidad y la supuesta falta de practicidad del arte, pero consciente a su vez de sus capacidades de trasgresión y desobediencia de lo normativo, el artista consigue, por un instante breve de baja espectacularidad pero alta relevancia, incidir y modificar aquello que percibimos de una forma incuestionable y segura. Algo que, desde la herencia revisada del dadaísmo, el punk, el arte conceptual, el frikismo pseudo-científico y las más diversas manifestaciones del underground, sitúan su trabajo en un neoconceptualismodescreído que, en equilibrio entre el sentido del humor y la incidencia de raíz micropolítica, define una actitud firme y vigente en arte contemporáneo: el uso de la autocrítica como exploración de nuestra relación con los entornos inmediatos.

 

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