Si pensamos en los conceptos que definen el trabajo de David Bestué y Marc Vives, rápidamente encontramos que las ideas de acción paródica, relato fragmentado y sucesión temporal de acontecimientos inesperados se erigen con contundencia como las premisas básicas de su obra. Un ejercicio de aproximación metafísica y simbólica a la realidad cotidiana que, articulada en base a múltiples formatos de presentación como la instalación, la edición, la obra de teatro o el video ha conducido la trayectoria del dúo catalán hacia una posición limítrofe entre discursos e intereses divergentes.

El imaginario de Bestué-Vives fluctúa entre la herencia del arte conceptual (marcada por el uso del texto como enunciado breve y cómplice para/con el receptor), un singular sentido del humor (deudor de cierta tradición telúrica) y una narrativa propia capaz de apostar por lo insignificante desde una voluntad de transformación crónica de aquello que nos viene dado. Un juego constante de cambios de sentido e inversiones de significado que nos interpela directamente con la intención honesta de hacernos partícipes de su peculiar interpretación de los entornos cotidianos que definen y sustentan nuestra vida diaria.

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Tras un periodo inicial centrado en la entrega seriada de “acciones” – ya sea desde lo más micro (el cuerpo, la casa) a lo más macro (el universo), el trabajo reciente de Bestué-Vives se desmarca de la estructura capitular y acumulativa que ha caracterizado dichas acciones para ofrecer una historia central y nuclear. Un cambio de registro ya apuntado en La Confirmación (2008) o en Proteo (2009) y que ahora volvemos a encontrar en Estado de cambio, video de animación realizado en stop-motion y confeccionado a partir de fotografías reales, escenografías en miniatura y objetos de plastelina que se transforman inesperadamente en una suerte de reacción en cadena imparable.

Por un lado, Estado de cambio se mantiene fiel a las premisas apuntadas anteriormente como eje motriz de su trabajo. Acción paródica: la vibración sonora de un teléfono desata la delirante transmutación de un simple jarrón de barro en infinidad de elementos (la torre del Hotel Arts, una composición futurista, un rostro cubista, la cabeza de El Caudillo, una tableta de chocolate, un cisne, un consolador, unas tostadas, un charco de barro, una hoja de árbol…) hasta volver a convertirse en el mismo jarrón. Relato fragmentado: un repentino juego de causas y efectos construye la secuencia de los hechos a través de pedazos y fragmentos que se complementan entre si (cambios de objeto tangible a energía, de sólido a líquido, de elemento orgánico a elemento industrial…) Y sucesión temporal de acontecimientos: un sinfín de transformaciones inesperadas ocurren ante la perplejidad y complicidad de nuestra mirada.

Por el otro, y al igual que ProteoEstado de cambio introduce una notoria innovación en la narrativa habitual de Bestué-Vives. El constante fluir de alteraciones de materia que muestra el video no aparece ya mediado por enunciados textuales u orales, sino que la solemnidad e insignificancia del relato visual se convierte en el gran protagonista silencioso de la historia.

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