El mapamundi es quizás uno de los símbolos convencionales más complejos y de mayor pericia visual creados por el hombre. Un ambicioso ejercicio de representación, reconocimiento y dominio del mundo que, a medio camino entre la abstracción de sus formas y la realidad física del territorio global, ofrece un compendio cartográfico perfecto y supuestamente fiable de toda la superficie de la Tierra.

Existen dos tipos de convención simbólica que nos permiten comprender y asimilar la totalidad del mundo a partir de posibles traducciones formales. Por un lado la esférica, el globo terráqueo de carácter tridimensional; por el otro, el planisferio terrestre, la proyección bidimensional de dicha esfera. Un segundo caso que mantiene importantes similitudes con la representación pictórica en general, y con la obra de Regina Giménez en particular.

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No es de extrañar pues que para su exposición individual en el Museu d’Art Modern de Tarragona, la artista utilice como eje discursivo el concepto de “símbolo convencional” y una temática tan propia como son los mapamundis. Un procedimiento irónico que parte de la simbología específica de la cartografía mundial para subjetivar y cuestionar así la ordenación normativa de las convenciones que nos definen. Una subversión plástica en la que Regina Giménez combina múltiples registros de presentación en una suerte de collage visual donde forma y color dialogan a un mismo nivel con la imagen fotográfica y el texto. Recursos frecuentes en su práctica pictórica que, en esta ocasión, dan lugar a una colección de mapas pictóricos liberados de cualquier funcionalidad lógica.

Símbolos convencionales aúna dos propuestas autónomas y complementarias a la vez. Un conjunto de 12 mapamundis de gran formato realizados en técnica mixta sobre papel, y una pequeña serie de 9 dibujos en los que la silueta reconocible del mapa se desvanece para exhibir un conjunto arbitrario y abstracto de iconos. Dos capítulos distintos que encuentran en la simplicidad y fragilidad del papel el soporte idóneo para dar forma a los ensayos visuales que definen su pintura.

Los mapamundis – eje central de la exposición – suponen para la artista un resumen formal y conceptual de todo su trabajo reciente. Un elemento habitual dentro de su trayectoria que llega ahora a su máximo esplendor, tanto por el número de piezas presentadas (una docena), como por la capacidad narrativa de cada una de ellas. Un muestrario de mapas imposibles confeccionados a base de apropiaciones fotográficas extraídas de viejas publicaciones de arquitectura funcionalista, que al margen de toda coincidencia geográfica, invitan a una aproximación disfuncional y nostálgica al planisferio terrestre.

De este modo, los doce mapamundis de Símbolos convencionales reflejan de manera directa la búsqueda utópica e idealista que caracteriza la pintura de Regina Giménez. Una obra especialmente sensible a los procesos de sistematización del saber universal (el mapa, la enciclopedia…) que sugiere un acercamiento poético e íntimo a nuestras relaciones con el espacio y el tiempo. Un espacio habitable, acotado, construido (y de ahí sus continuas referencias a la arquitectura racionalista y al diseño de interiores); un tiempo nostálgico, envejecido, donde el presente parece depender irremediablemente de un pasado anhelado, deseado, perdido.

A continuación, y en contrapunto a la concepción escenográfica de los mapamundis, la exposición muestra una selección de dibujos que apuntan quizás hacia una nueva línea de trabajo en la trayectoria de la artista. Piezas de corte minimalista en las que la forma del mapa desaparece para sólo intuirse a base de signos icónicos agrupados sobre el papel. Un proceso de abstracción geométrica en el que el icono – reducido a una gama cromática básica: rojo, negro y azul – se torna incomprensible por la supresión de la leyenda que permitiría entender su significado. Un nuevo registro de inspiración cartográfica – los iconos pertenecen a estudios estadísticos reales (plataformas petrolíferas, producción láctea mundial…) – donde la inutilización consciente del signo transforma dichos gráficos en una serie de poemas visuales de raíz pictográfica.

En definitiva, podemos afirmar que Símbolos convencionales, a caballo entre la abstracción y ciertas formas de realismo mágico, encuentra en el alejamiento de lo normativo y estandarizado su principal razón de ser. Un continuo juego de escapismos en el que el símbolo convencional que da título a la exposición, tan necesario desde un punto de vista práctico en nuestra vida cotidiana, es gratamente desactivado y neutralizado a través de las capacidades especulativas, fantasiosas e ilusionistas que proporciona el trabajo en arte.

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