Controlar lo que puede salir a la luz y lo que debe permanecer oculto es la esencia en la que se basa el poder, convirtiendo la invisibilidad en garantía de impunidad.

Núria Güell

Una de las virtudes fundamentales del trabajo en arte contemporáneo se encuentra en la capacidad de incidir en la realidad desde un presente inmediato. Una incidencia liberada de lo práctico y normativo que – ya sea mediante estrategias de huída frente aquello que sucede a nuestro alrededor, o a partir de su confrontación directa – permite una aproximación crítica ante la vida que otros ámbitos de actuación más poderosos no son capaces de ofrecer.

Al margen de cualquier metáfora o simbolismo, la obra de Núria Güell (Vidreres, 1981) se sitúa claramente en dicho modelo de confrontación directa ante una realidad dominada y construida por las jerarquías abusivas del poder. Un abuso que le lleva a una suerte de activismo político basado en estrategias de desobediencia civil y económica derivadas del análisis de dos conceptos: por un lado, la indebida noción de legalidad que nos viene impuesta; por el otro, la arbitrariedad moral que define nuestras estructuras sociales. Dos conceptos clave que en su caso articulan un compromiso frontal con la vida a partir de la experiencia compartida con el otro. Una metodología donde la artista explora las posibilidades de desplazar o invertir las relaciones de poder que controlan y determinan la realidad. Y para ello, Núria Güell se sitúa junto a personas y colectivos (inmigrantes, desahuciados, presos…) que por un motivo u otro se encuentran excluidos o cuestionados por la hegemonía autoritaria de la ley.

Pese a trabajar dentro del ámbito del arte, las acciones de Núria Güell precisan de otro tipo de temporalidad. Un tiempo de conexión emocional con las personas que conlleva una fuerte inmersión contextual por su parte, y un intento – más colectivo que individual, más político que artístico – de sublevación ante lo impuesto. No es de extrañar por tanto que sus proyectos se resistan al formato expositivo convencional, y se erijan a través de múltiples y variados formatos de presentación; desde espacios de documentación y consulta a intervenciones en el espacio público, pasando por registros performativos, videos de archivo, conferencias, lugares de encuentro o publicaciones.

En este sentido, algunos ejemplos significativos de su trabajo son Ayuda Humanitaria (2008-2013), un proyecto desarrollado en La Habana donde la artista se casa con el cubano que le escriba la carta de amor más bonita, brindándole así la posibilidad de emigrar a España; también Aplicación Moral Desplazada #1: Crecimiento Exponencial (2010-2012), una propuesta de colaboración con Jaime Giménez Arbe alias “El solitario” para la elaboración de un plan de atraco a una sucursal bancaria; Too Much Melanin(2013), una performance en la que María – una refugiada de Kosovo – juega al escondite con los habitantes y transeuntes de Göteborg; o más recientemente La síndrome de Sherwood 2 (2013), la transformación de un proceso de censura vinculado als “mossos d’esquadra” – policia autonómica de Catalunya – en proyecto artístico dedicado a la invisibilidad como forma de impunidad.

Si nos centramos ahora en Oficina de Rescate Invertido, la propuesta de la artista para 7.000.000.000 en el Espai d’Art Contemporani de Castelló, nos encontramos que dicho proyecto sintetiza la mayor parte de sus intereses en arte: la aplicación – en este caso invertida, opuesta – de las agresivas estrategias de enriquecimiento del Estado en detrimento y deterioro de la situación económica de sus ciudadanos. Así, Rescate (título provisional) hace referencia directa al rescate que España pidió en 2012 a sus socios europeos para recapitalizar su sistema financiero. Una cesión íntegra a la banca de 100.000 millones de euros que a su vez generó un endeudamiento progresivo de gran parte de la población.

7000000000 Exibition Catalogue 7000000000 Exibition Catalogue

A modo de oficina abierta en el espacio expositivo, Oficina de Rescate Invertido supone un servicio de asesoría gratuita a los ciudadanos en el que participan diferentes asociaciones y colectivos, y que cuenta además con la presentación de algunos proyectos anteriores de la artista. Una atención conducida por una activista contratada y pagada por la institución bajo el objetivo de enseñar y ensayar tácticas de impunidad legal que permitan a la población beneficiarse de las entidades bancarias. De este modo, propuestas de Núria Güell como Aplicación Legal Desplazada #1: Reserva Fraccionaria (2010-2011), donde genera diversas plataformas de difusión para facilitar la expropiación de dinero a los bancos, Intervención #1 (2012), en la que contrata a un albañil desahuciado para quitar las puertas de los pisos vacíos comprados en subasta por la Caja de Ahorros del Mediterráneo (CAM) tras haber deshauciado a sus propietarios, o Resurrección (2013), una labor de recuperación de la identidad de 6 guerrilleros catalanes asesinados por las tropas franquistas para condenar las operaciones de promoción fascista llevadas a cabo por la Fundación Nacional Francisco Franco, conviven en la oficina con otras propuestas externas de agenciamiento popular como la Cooperativa Integral Catalana, Objecció Fiscal o Derecho de Rebelión. En definitiva, y en palabras de la propia artista, Oficina de Rescate Invertido ofrece un servicio público de “asesoramiento a los interesados que difunde las mismas estrategias de ingeniería social aplicadas por el estado pero ahora dirigidas a rescatar personas y socializar los recursos privados que han sido robados de lo público a través de la ley, a golpe de decreto”.

Ya para acabar, y a modo de conclusión, podemos decir que la obra de Núria Güell asume y positiviza la frecuente disfuncionalidad de la práctica artística y su escasa relevancia social para potenciar su capacidad de incidencia política. Una fuerza transformadora capaz de alterar directa o indirectamente nuestro entorno a base de señalar y explorar las fisuras e irregularidades que lo conforman. E incluso de darles la vuelta en beneficio de las personas. Y ahí sí que el arte desvela una gran función social: la de luchar contra lo injustamente establecido.

 

 

 

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