Maialen A.C, Ángela Cuadra, Momu & No Es, Patricia Esquivias, Julio Falagán, Javier Fresneda, Lilli Hartmann, Raúl Díaz Reyes, Jordi Ribes, Françoise Vanneraud.

Circuito de Artes Visuales de LNEB (La Noche en Blanco). Galeria Columpio, Enclave, Espacio 8, Espora, La Buga, Matadero, Utopic_us. Madrid, 2010.

La gesta imposible es una exposición colectiva representativa del contexto artístico emergente de Madrid que plantea un recorrido deslocalizado por diferentes espacios independientes de la ciudad. Un ejercicio de complicidad entre artistas, espacios y comisario, que toma como punto de partida la gesta antiheroica de generar un proyecto específico de artes visuales paralelo al macroformato de La Noche en Blanco.

La gesta imposible es una exposición colectiva representativa del contexto artístico emergente de Madrid que plantea un recorrido deslocalizado por diferentes espacios independientes de la ciudad. Un ejercicio de complicidad entre artistas, espacios y comisario que toma como punto de partida la gesta antiheroica de generar un proyecto específico de artes visuales paralelo al macroformato de La Noche en Blanco. Por un lado, la noción de gesta incorpora una aproximación paródica – cómica, cínica incluso – al carácter épico que define la solemnidad y popularidad del héroe. Por el otro, el concepto de imposibilidad evidencia la dificultad de éxito en tal empresa. Un juego de contrarios que analiza y problematiza la situación que la exposición propone a todos los agentes implicados.

La gesta imposible explora por tanto la capacidad narrativa de la práctica artística basándose en una idea central sustentada a través del trabajo de cada uno de los participantes: el artista como agente no-práctico capaz de modificar aquello que creíamos seguro e incuestionable. En definitiva, un relato antiheroico y secundario que se divide en diez capítulos autónomos y complementarios – uno por artista – invitando así a un discurso y a un recorrido sin principio ni final.

Maialen A.C

Los dibujos de Maialen A.C. generan una sensación ambigua de intimidad y extrañamiento. Obras de factura simple que apuntan historias menores y ambiguas que nunca acaban de completarse. Para ello, la artista utiliza elementos básicos como el papel y el bolígrafo, añadiendo textos que reconducen la lectura del dibujo hacia un terreno emocional y psicológico.

Estábamos gastándote una broma, la vida real es mucho mejor que esto – frase extraída del libro “No one belongs here more than you” de Miranda July – supone una colección de dibujos que, a modo de tiras de verbena de connotación festiva, pero dotada a su vez de la simplicidad y crudeza que caracteriza su trabajo, ocupa el espacio de Columpio en una suerte de instalación escenográfica en la que el espectador pasa a formar parte integrante con el simple hecho de entrar dentro de la galería.

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Ángela Cuadra

A través del dibujo, el collage y la instalación, Ángela Cuadra centra su trabajo en el uso del texto como elemento de comunicación. Su obra tiene una clara influencia del ámbito publicitario y propagandístico; algo que le lleva a un uso frecuente de frases y textos extraídos del pasado reciente que incitan a nuevas lecturas desde el presente inmediato. Un modo de reincidir en aspectos de relevancia social como las cuestiones de género o de identidad basado en las connotaciones sociales del lenguaje escrito.

Orders, serie en la que la artista recupera carteles propagandísticos norteamericanos de la Segunda Guerra Mundial – por primera vez presentados sobre cajas de luz para La gesta imposible – explora la ambigüedad de dichos mensajes incidiendo en la recepción distanciada y descontextualizada que ahora tenemos de ellos. Una estética atractiva y ahora claramente filtrada bajo la influencia del pop que, a través de un estudiado ejercicio de seducción visual (hay que tener en cuenta que dichos mensajes se dirigían en su momento a la población civil femenina), denota a su vez toda una serie de desajustes sociales graves. Un arma de doble filo que incide en la carga ideológica de dichos textos – No dejes pasar tu gran oportunidad, Cruza sólo por los márgenes, El alimento es munición. No lo malgastes, Danos más – para que, una vez agrupadas y liberadas de su función original, y como apunta la propia artista “parezcan más el decálogo paranoico de un régimen autoritario que un programa de defensa civil del régimen democrático por antonomasia”.

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Raúl Díaz Reyes

El trabajo de Raúl Díaz Reyes se centra en el dibujo como herramienta principal. Una relectura de la realidad que apuesta por la construcción de una cosmogonía personal a través de la recolección y apropiación de referentes de distinta índole; desde el cómic underground o el cine de ciencia ficción a la literatura fantástica o la propia historia del arte (tanto reciente como clásica, tanto oficial como marginal). Una narrativa propia y obsesiva  que da lugar a una especulación frenética sobre aquello que nos rodea a través de la revisión constante de situaciones y temáticas derivadas de la cultura popular.

Vitamina R – guiño paródico a la publicación Vitamine D. News Perspectives in Painting (un intento de legitimación de las nuevas tendencias pictóricas del siglo XXI a partir de listas de los artistas contemporáneos supuestamente más destacados) – supone un proceso de visibilización y análisis de aquellos ejes y engranajes que, tanto desde un punto de vista formal, conceptual como actitudinal, conforman el imaginario del artista. O dicho de otro modo, un ejercicio de desnudez y exhibicionismo en el que Raúl Díaz Reyes nos ofrece aquello que nunca vemos, o que simplemente no nos atrevemos a mostrar: las fuentes de inspiración que dan forma a lo que somos.

Little women, una intervención directa sobre las páginas arrancadas de un antiguo libro de ilustraciones; Sandra,una serie de pequeños dibujos y fotografías recortadas centradas en los conceptos de ovni y alienígena; y una colección de dibujos expandidos sobre el muro en el que, más cercanos a la construcción caótica del pensamiento que a una formalización expositiva al uso, dialogan entre ellos en una suerte de relato fragmentado y desjerarquizado.

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Patricia Esquivias

Patricia Esquivias utiliza las posibilidades comunicativas de la voz. Un tipo de oratoria –voz en off– que define su obra videográfica y sonora y que le lleva a la construcción de relatos singulares que desdibujan aquello conocido y asumido de antemano. Desde una posición irónica, sus historias rompen los convencionalismos habituales en la confección verídica de determinados hechos para generar así cruces inesperados entre múltiples conceptos y situaciones.

Sin título es una pieza de audio prácticamente invisible en el espacio expositivo. Una simple voz que invita a una relación individual e íntima a la vez que confecciona una radiografía ficticia de un espacio público – algo arquitectónicamente muy parecido a la cámara frigorífica de Matadero – con personas que cuentan con diferentes virtudes. Toda una serie de atributos especiales que, pese a su excepcionalidad, se tornan inservibles para la situación y el diálogo que define la pieza.

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Julio Falagán

El imaginario de Julio Falagán se centra en la pintura, el dibujo y la instalación para dar lugar a relatos expandidos en los que se entrecruzan múltiples registros y contenidos. Una obra dotada de un alto sentido del humor que, vinculado a ciertas prácticas de arte urbano, ofrece una actitud eufórica que funciona como aproximación paródica y excesiva a los entornos cotidianos que nos definen y sustentan.

Mugre Magnífica, juego de contrarios entre lo mugriento y lo extraordinario, entre lo cutre y lo sublime, supone una instalación expansiva, acumulativa e invasiva del artista sobre los muros de Espacio 8. Un proceso de trabajo que le lleva a la recolección de pinturas antiguas y objetos varios que Falagán interviene alterando así sus contenidos y funciones. Una dinámica cercana al eslogan publicitario que juega con el humor, el cinismo, la ironía y la exageración para darle la vuelta a las cosas y convertir así el arte en un ejercicio – divertido además – de subversión política de baja escala.

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Javier Fresneda

Javier Fresneda incide de manera precisa en la supuesta falta de funcionalidad que define la práctica artística en términos sociales. Proyectos como La Montaña Múltiple, en el que la inutilidad del acto artístico se equipara a la inutilidad del alpinismo, abordan directamente la compleja relación existente entre las nociones de éxito y fracaso en arte.

Maximalismo supone un nuevo episodio dentro de la Montaña Múltiple, proyecto de largo recorrido que ha llevado al artista a investigar – y a traducir al lenguaje artístico (desde el dibujo a la instalación monumental) – las vías de acceso más difíciles de ascensión a los catorce ocho miles, las montañas más altas del planeta. Un trabajo laborioso y simbólicamente cercano al esfuerzo glorioso pero inservible del alpinista en la gesta de subir montañas que para Fresneda implica una metáfora sobre las complejidades, perseverancias, desánimos y sobreesfuerzos que implica trabajar en arte. Maximalismo ha aportado un grado más de dificultad al proyecto: hacer practicable una de las vías y documentar así toda la experiencia. Para ello, el artista ha contado con la colaboración de un alpinista experimentado y con toda una equipo técnico de escalada; un material inusual en los procesos de trabajo en arte pero que ha servido para llevar a cabo la gesta absurda de escalar y transitar una escultura de hierro.

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Lilli Hartmann

El trabajo de Lilli Hartmann se basa en la instalación y la performance. Una dinámica de exploración de la vida cotidiana a través del carácter tragicómico de la condición humana. Una visión paródica del arte que apuesta por planteamientos expositivos y performáticos que invitan a un proceso de bufonización de la realidad. Algo que, entre líneas y de un modo cercano a la representación teatral, precisa de la complicidad y empatía del receptor para cobrar sentido.

Lilli Hartmann se nutre, ya sea en primera persona o a través de colaboradores externos, del oficio del actor. Es decir, de aquel que es capaz de construir un relato ficticio desde la premisa de otorgarle la veracidad necesaria para su existencia. Un recurso de clara influencia narrativa que, de un modo paródico, e incluso voluntariamente patético, construye pequeñas historias fantásticas que le permiten explorar temáticas universales y estereotipadas como la felicidad, el deseo o el sentido de la vida.

All we need is a problem se inspira en la solemnidad de la épica medieval para incidir simbólicamente sobre aquellos aspectos de la realidad que, al tratarse de construcciones culturales y sociales que nos vienen dadas, solemos asumir de antemano sin demasiada atención. Al fin y al cabo, un modo de utilizar la práctica artística como un medio de resignificación de la realidad que permite salirse de lo establecido y estandarizado para especular con nuevas posibilidades de actuación y diálogo con los entornos cotidianos que nos toca vivir.

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Momu & No Es  

El trabajo de Momu & No Es se basa en un ejercicio de resignificación de lo cotidiano y en la combinación fantástica entre realidad y ficción. Una obra que plantea un sistema de desdoblamientos delirantes (aparentemente ingenuos pero subversivos en profundidad) que se nutren de lo literario para generar historias posibles que parecen haber quedado ocultas u olvidadas en los entresijos de lo real o lo veraz. Dentro de la trayectoria de Momu & No Es, ¿Quién encerró a Epi y Blas? supone un nuevo giro en el que, apostando por una fuerte presencia performativa, las artistas articulan un relato extraordinario caracterizándose como los dos famosos personajes de Barrio Sésamo. Dos figuras entrañables y extrañas que se definen por la construcción de simples situaciones de convivencia que dan lugar a toda una serie de diálogos no resolutivos y estancados en su inoperancia. Al fin y al cabo, una manera distanciada y protegida de incidir en las aventuras y desventuras del trabajo en arte.

Siempre fieles a sus dinámicas de seducción narrativa, Momu & No Es nos invitan a recorrer la laberíntica estructura del sótano a través de toda una serie de formatos expositivos y generar así un relato fragmentado que avanza a base de las conversaciones absurdas y repetitivas de Epi y Blas. En definitiva, un modo indirecto de buscar una salida efectiva ante aquello opresivo y asfixiante. Para ellos una isla; para nosotros, cualquier otra cosa en la que creer.

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Jordi Ribes

La obra de Jordi Ribes se centra en el soporte pictórico, estableciendo desde ahí ciertas derivaciones hacia el dibujo y la intervención mural. Un imaginario repleto de personajes fantasmales (siempre silenciosos y sin rostro) que vagan por las obras en busca de algo que no son capaces de encontrar. Un mundo amable pero oscuro y siniestro a la vez, en el que se vuelcan aspectos turbios derivados de la infancia y de cierto desasosiego y desamparo propio de la edad adulta.

La chica del sótano supone una adaptación específica de su trabajo al espacio de Utopic_us. Un enorme sótano destartalado que se convierte ahora en el lugar ideal para sus personajes infantiles y siniestros, consiguiendo que los tres registros de trabajo que el artista presenta: pintura, dibujo mural y edición de póster, confeccionen una suerte de instalación espacial que invita al espectador a penetrar en su mundo afable y fantasmagórico.

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Françoise Vanneraud

La obra de Françoise Vanneraud se centra en el análisis de aquellos aspectos absurdos, irrelevantes y de baja espectacularidad que definen nuestra vida cotidiana. Una apuesta que, a través de diferentes aplicaciones del dibujo (animación, mural, instalación…), otorga a lo secundario una solemnidad de tintes tragicómicos. En definitiva, un trabajo que invita a repensar algunas características universales de la condición humana; como la duda, el miedo, la burla o la ironía.

Mundo en perdición supone un instalación mural y espacial que ocupa todo el espacio expositivo de La Boca para transportar al espectador a un lugar idílico definido al mismo tiempo por la atracción y el temor: el bosque. Un paisaje inhóspito y seductor repleto de árboles secos que funciona como preámbulo escenográfico del enorme mural que la artista presenta en las paredes de la sala. Un dibujo de herencia primitiva, hierática, medieval incluso, que usa un imaginario simbolista (que no surrealista) para perfilar historias protagonizadas por personajes solitarios que parecen esperar aquello que nunca llega a suceder. Un ejercicio constante de expectativa frustrada y resignación silenciosa que incide de un modo directo en los múltiples momentos de inseguridad que nos acechan a cada momento; tanto universales como específicos del mundo del arte y de la condición compleja del artista.

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