Raúl Díaz Reyes, Claire Harvey, Sinéad Spelman, Françoise Vanneraud, Abdul Vas.

masArt Gallery, Barcelona. Febrero – abril 2011

La fábula mística es una exposición colectiva que, centrada en la práctica del dibujo, explora las similitudes y analogías entre la figura del místico y la del artista actual a través del carácter disfuncional que ambos mantienen en relación a su entorno. Una disfuncionalidad o ausencia de practicidad que permite entender a ambos como dos posiciones extremas liberadas de lo normativo y capaces por tanto de incidir de un modo imprevisto y singular en aquello que nos rodea. Es decir, una flexibilidad discursiva –tanto la del místico como la del artista – que prioriza la fe y la creencia ciega en aquello que se hace por encima de aspectos categóricos como la lógica, la evidencia o la verdad.

En este sentido, la propuesta parte directamente del ensayo La Fable Mystique que Michel de Certeau escribió en 1982. Un análisis exhaustivo del misticismo cristiano durante los siglos XVI y XVII que, pese a plantear un punto de partida ajeno y marginal a los discursos habituales en arte, favorece un paralelismo paródico –y sobretodo autocrítico – entre la condición sagrada del místico y la condición profana del artista. Dos perfiles distantes y diferenciados entre si, pero que a su vez comparten una estrecha complicidad: la capacidad por creer en aquello que no es seguro (ni demostrable) y la confianza máxima en unos ideales improductivos. Algo que, quizás, sólo podemos entender desde terrenos tan cuestionables, difusos y disfuncionales como el arte o la religión.

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La fábula mística [The Mystic Fable] is a collective exhibition which focuses on the practice of drawing to explore the similarities and analogies between the figure of the mystic and today’s artist through the dysfunction of both with their environment. This dysfunction or absence of practicality enables us to view both as two extreme positions liberated from the norms and therefore capable of affecting what surrounds us in an unforeseen and unique way. That is, they have a discursive flexibility – both the mystic and the artist – that prioritises faith and blind belief in what is done over categorical considerations like logic, evidence or truth.

In this sense, the project is directly inspired by the essay entitled La Fable Mystique that Michel de Certeau wrote in 1982. It is an exhaustive analysis of Christian mysticism during the 16th and 17th centuries which, despite a point of departure that is a far cry from the usual discourses in art, fosters a parodical – and especially self-critical – parallelism between the sacred condition of the mystic and the profane condition of the artist. These two profiles are distant and distinct from each other, yet they share a close complicity: the ability to believe in what is neither certain nor demonstrable, and the utmost trust in unproductive ideals. Perhaps we can only grasp this from such questionable, diffuse and dysfunctional realms as art and religion.

Raúl Díaz Reyes

El trabajo de Raúl Díaz Reyes apuesta por la confección de una cosmogonía personal basada en la recolección y apropiación de referentes de distinta índole – el cómic underground, el cine de ciencia-ficción, la literatura fantástica o a la propia historia del arte – para centrar su atención en contextos definidos desde cierta marginalidad y oposición a lo hegemónico, como el outsider art, el graffiti o el estudio de los fenómenos paranormales. Little Women (2010) supone un sutil proceso de collage en el que diferentes apariciones fantasmales alteran las dóciles y apacibles escenas de Mujercitas para convertirlo, sin perder su función, en una parodia grotesca. Por otro lado, la instalación de dibujos Sandra Cinto’s Folder (2010), guiño directo a los dibujos cósmicos de la artista brasileña Sandra Cinto, parte de la pseudociencia de la ufología para acercarnos a la experiencia extrema de la abducción alienígena. Una expansión de dibujos de pequeño formato que incluye libros sobre ovnis y un dibujo infantil del artista que, desde la ingenuidad propia de la infancia, intenta dar respuesta a su curiosidad precoz sobre lo desconocido.

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Claire Harvey

El trabajo de Claire Harvey parte de lo mínimo y lo insignificante para dar forma a un microcosmos poblado de personajes anónimos que transitan hacia ninguna parte. Una suerte de fragmentos de vida en minúsculas que favorecen una exploración meticulosa de la condición humana a base de aspectos como la soledad, la melancolía o directamente el aislamiento. Experiencias mínimas – hombres y mujeres que observan, caminan o simplemente restan silenciosos – de clara influencia cinematográfica (quizás el principal referente de la artista) que potencian además su insignificancia a partir de los sencillos materiales y recursos que Harvey usa en sus obras.

Untitled (Easily Removable), 2009 supone un coreografía visual en blanco y negro de personajes anónimos y solitarios que, dibujados directamente sobre trozos de celo, recorren el muro sin destino alguno. Una narración expansiva y no-lineal que se nutre de escenas secundarias sin finalidad aparente para construir una trama argumental repleta de expectativas voluntariamente no resueltas. Un tipo de relato fragmentado próximo a la noción de suspense del cine negro que enfrenta al espectador a una contemplación individualizada y activa, ya que él será el único encargado de dotar de significado a aquello que ve.

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Sinéad Spelman

El trabajo de Sinéad Spelman se centra en una labor de desdoblamiento obsesivo en el que, mediante un personaje recurrente tratado cual máscara, la artista exhibe indirectamente toda una serie de acciones que hablan sobre ella misma. Dibujos de factura simple y directa que dan vida a un personaje femenino que, cercano de nuevo a la pasividad y a la no-acción del místico, se enfrenta continuamente a pequeñas acciones de baja espectacularidad y peligro latente que la sitúan en continua situación de búsqueda de algo que no consigue encontrar. Una puesta en crisis de su propia identidad como artista que fantasea con los márgenes de lo posible para dar lugar a un sinfín de aventuras antiépicas repletas de situaciones ambiguas e inverosímiles. Un juego de contrarios que abre múltiples posibilidades de interpretación: algunas amables e ingenuas, otras grotescas y oscuras.

Para la exposición, Sinéad Spelman incorpora una serie de dibujos recientes en los que dicho personaje lucha sin ánimo contra toda una serie de adversidades invisibles. Una narrativa en la que obras como Boxer (2010) – en la que el personaje aparece con unos guantes de boxeo dispuesto a pelear con clara actitud de derrota –, Edge of invisible (2010) – en el que su alter-ego aparece sentado y pasivo ante una gran negrura -, o Pyramid (2010) – donde le vemos preso dentro de una trama piramidal – dan buena prueba de dicha tarea de desdoblamiento y lucha antiheroica.

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Françoise Vanneraud

La obra de Françoise Vanneraud se centra en el análisis de aquellos aspectos irrelevantes y carentes de importancia que definen nuestra vida cotidiana. Una apuesta que, a partir de diferentes aplicaciones del dibujo (animación, mural, instalación…), otorga a lo secundario una solemnidad de tintes tragicómicos que nos autoriza a repensar algunas características universales inherentes al ser humano; como la duda, el miedo, la fortuna o la incansable búsqueda de algo mejor. Para ello, la artista utiliza un dibujo de herencia primitiva, hierática, medieval incluso, que parte de un imaginario simbolista (que no surrealista) para perfilar historias protagonizadas por personajes solitarios que parecen esperar algo que nunca llega a suceder. Un tarea constante de expectativa y resignación que incide de manera poética e irónica en los múltiples momentos de inseguridad que nos acechan en nuestro día a día.

Recordando experiencia (2010), pieza atípica dentro de su práctica, formada por cinco grandes dibujos (de los cuales sólo uno – Andreï. Madrid-Sofia – forma parte de La fábula mística), supone una acercamiento plástico al relato de vida de varias personas marcadas por experiencias de tránsito. Un proceso de traducción visual de un hecho concreto (el viaje individual) que, convertido en paisaje técnico de contemplación sublime (definido por colores aleatorios y curvas de nivel sugeridas por diferentes sucesos del pasado), genera un recorrido mental que se erige como resumen cartográfico de la experiencia vital del desarraigo.

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Abdul Vas

Si una de las características básicas del estado del místico es precisamente su porte excesivo (una obsesión que en su caso le lleva al éxtasis), este parece ser también una de las constantes básicas en la obra de Abdul Vas. Un dibujo figurativo, gestual, frenético y agresivo que construye una simbología delirante definida a base de dos obsesiones principales: los pollos (aproximación paródica al mito del hombre-pájaro) y el grupo australiano de rock duro AC/DC. Dos ejes temáticos que le llevan a un trabajo de especulación y fabulación mitológica sobre la construcción social del poder que, tanto formal como conceptualmente, se nutre de esquemas heredados del mundo del cómic y la ciencia-ficción para seducirnos, inquietarnos y alertarnos, cual visionario, de lo que (inevitablemente) está por venir. Un fábula a medio camino entre lo ingenuo y lo perverso que, como si de un juego infantil se tratara, nos remite a una nueva era –una especie de futuro inminente– en la que seres superiores a la condición humana domi- narían el mundo imponiendo así otros códigos de justicia, poder y orden. Un mundo en el que las aves –símbolo de independencia y libertad– y AC/DC (el poder absoluto) marcarían unas nuevas reglas. Un mundo paralelo, excedido y grotesco que el artista suele diferenciar bajo el nombre ficticio de Kippenland.

American Truckers, serie de dibujos de gran tamaño que el artista inició en 2005, sigue en la misma línea de intereses de Abdul Vas y, cercano a la serie Cincinnati (dibujos y pinturas sobre aves humanizadas y convertidas en agresivos y totémicos jugadores de béisbol, otra de sus grandes obsesiones) retoma el imaginario americano del exceso y la saturación para dar forma a monstruosas y simbólicas máquinas de velocidad y muerte. Un gesto metafórico en el que delirantes camiones –una especie tanques preparados para la batalla, evidentemente pilotados por aves– se erigen como iconos mecánicos del advenimiento de una nueva época de gloria que, como es habitual en cualquier tipo de poder autoritario, denota una imposición jerárquica que destruye y ningunea los valores anteriores (en este caso, los del ser humano). Al fin y al cabo, un poderoso y a la vez insignificante sistema de resistencia ante lo impuesto.

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