David Bestué / Cecilia Bonilla / Yamandú Canosa /
Jerónimo Hagerman / Richard T. Walker

EAC. Montevideo (Uruguay)
Inauguración: 27 de agosto de 2015
Agosto – Noviembre 2015

El pensamiento oceánico es una exposición colectiva centrada en el paisaje que toma como punto de partida el concepto de “sentimiento oceánico”, una suerte de ilusión perceptiva ampliamente tratada desde ámbitos tan diversos como la mística, la psicología, la literatura o la pintura. Una sensación inesperada de intensidad, placer y desamparo capaz de alterar temporalmente la conciencia de aquel que la recibe.

La noción de “sentimiento oceánico” surge a inicios del siglo XX a partir de una relación epistolar entre el escritor francés Romain Rolland – que lo vincula a las bases del éxtasis místico – y Sigmund Freud, quien rechaza su condición espiritual para ceñirse a una lectura psicoanalítica totalmente ajena a lo divino. Pese a no compartir los motivos que provocan dicha impresión (para uno la fe, para el otro la mente), ambos quedan fascinados por la atracción transitoria de tal efecto.

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Al margen de la creencia en un posible éxtasis a través del arte, la exposición propone una revisión de “lo oceánico” con la intención de adaptarlo a cierta manera de entender el paisaje. Una aproximación conceptual en la que su carga emocional no depende ya de una visión pasiva y contemplativa, sino de una relación activa, performativa y narrativa entre lugar e individuo.

El pensamiento oceánico inicia su recorrido con dos instalaciones específicas de Yamandú Canosa (Uruguay, 1954): Poética y Chamba, dos obras autónomas y complementarias en las que el artista exhibe su particular imaginario mediante continuos juegos de fricción entre imagen y texto. Un imaginario en suspensión, a medio hacer, donde realidad y ficción se entrecruzan sutilmente a modo de aproximación metafísica al lugar de pertenencia. Poética abre con un pequeño dibujo – Oxímoron (2015)- que nos invita a reconocer toda la muestra como un posible juego de contrarios. Un debate entre lo pensado y lo sentido que se expande en Poema de pantalla (2003) y Remember (Gong Li en “The Hand” de Wong Kar Wai), dos fotografías antagónicas que ocultan su significado en favor de una misteriosa conexión. A continuación, Chamba despliega un friso de imágenes textuales – palabras sueltas, aleatorias, libres – conectadas con enigmáticos dibujos. Una línea de horizonte, un relato, un cuento breve escrito a través de situaciones, momentos y tiempos – una canoa a la espera, un acorde, una herida… – que potencian la evocación performativa de la obra de Canosa.

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A continuación, el vídeo Lo que no vemos que nos hace vivos (2015) de Jerónimo Hagerman (México, 1967) nos revela una visión micro de la naturaleza. Un artificio vivo donde múltiples plantas (cubresuelos, musgos, suculentas, helechos y plantas aéreas) conviven armoniosamente en un lugar imposible. La proximidad de la cámara y la música ambiental de Ruy García alteran nuestra percepción de lo vegetal hasta convertirlos en grandes y vastos territorios. Una cuestión de escala siempre presente en las intervenciones vegetales del trabajo de Hagerman.

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En el tránsito entre la sala 2 y el Espacio 3, Quema (2009), una fotografía de Yamandú Canosa, incide de nuevo en el devenir de un suceso concreto, en este caso un incendio.

En el espacio 3, encontramos The hierarchy of relevance (2010) de Richard T. Walker (Reino Unido, 1976), un vídeo de referencia dentro de la trayectoria del artista británico. A través de la voz y la música, el artista aborda las posibles relaciones entre el individuo y el paisaje natural. Una lectura postromántica y nostálgica en la que T. Walker utiliza diversos instrumentos para dialogar con lugares solitarios, inhóspitos y sobrecogedores. De este modo, la relación contemplativa ante el paisaje sublime se desvanece dando lugar a una nueva conexión con el entorno; una conexión que reactiva el paisaje desde la sencillez emocional de la canción folk. Una pequeña acción que interfiere y modifica las jerarquías del lugar: los que contemplamos ya no somos nosotros, sino las rocas, los cactus, las plantas o el propio horizonte.

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La práctica artística de David Bestué (España, 1980) se caracteriza por un constante análisis de los materiales y las estructuras que configuran ciertos momentos de la historia de la arquitectura, la ingeniería y el urbanismo en España. Una labor de investigación que el artista reinterpreta y personaliza a partir del uso de la performance, la fotografía, la escultura y el texto. En el Espacio 4, Bestué ofrece varias piezas representativas de su trabajo actual: Panteísmo raro (2015), una pequeña escultura hecha mediante la fusión pulverizada de múltiples materiales de construcción, y tres documentos fotográficos cuyo extenso título incluye la peculiar narrativa que el artista incorpora en sus procesos de trabajo; un proceso performativo en el que cuerpo, materia y lugar juegan siempre un papel relevante.

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Saliendo del Espacio 4, encontramos en el pasillo una pequeña pieza de Jerónimo Hagerman: Paisaje de los Pirineos (2015), dos pequeñas piedras encontradas por el artista en uno de sus viajes a la Vall d’Aran (Catalunya) y convertidas ahora en un paisaje comprimido, íntimo y simbólico.

Cerrando el recorrido de la exposición, el espacio 5 genera un diálogo entre Jerónimo Hagerman y Cecilia Bonilla. Dos propuestas especialmente conectadas por una fuerte presencia corporal. Fantasies of Liberation (2014) de Cecilia Bonilla supone una colección de collages que combina imágenes extraídas tanto de viejas revistas eróticas como de antiguas publicaciones de divulgación científica dedicadas al cosmos. Una fusión entre fotografías dispares que permiten a la artista una alegoría visual de carácter feminista en la que gestualidad y cuerpo apuestan por cierta idea paródica de liberación; un tipo de exención total representada irónicamente por las imágenes hipnóticas de las nebulosas. Jerónimo Hagerman ofrece Camas de olor, panópticas (2015), una nueva versión de sus “camas” adaptada a las especificidades del contexto. Una experiencia de relajación sensorial que invita a una relación desjerarquizada y placentera con el lugar. Para ello, varias colchonetas celestes rodeadas de plantas aromáticas en el cabecero se distribuyen por el interior y el exterior del EAC a libre disposición de los visitantes.

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En definitiva, y a medio camino entre la fe de Rolland y el escepticismo de Freud, El pensamiento oceánico supone un ensayo expositivo dedicado a la revisión del paisaje desde prácticas artísticas más conceptuales que formales. Un tipo de paisajismo que, liberado de su función estética y/o representativa, deja de funcionar como imagen para convertirse en relato.

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Con el apoyo del Institut Ramon Llull y Xippas Art Gallery.

Imagen superior: Yamandú Canosa. La espera. Guache y transferencia sobre papel. 36 x 50,9 cm. 2013. Foto: Marcelo Isarrualde.

 

 

 

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